22/3/15

El Hombre Lobo

El pasaje que traduzco a continuación es el parágrafo 62 del Satiricón de Petronio. El narrador es Nicerote, uno de los comensales de la famosa cena de Trimalción. Como le preguntara éste por el motivo de su seriedad en la fiesta, Nicerote habla de su relación con Melisa, la mujer de un tabernero, para luego pasar a lo que sigue:



—Casualmente, mi amo había ido a Capua para liquidar unos objetos de segunda mano (1). Hallando la ocasión, persuado a nuestro huésped de que venga conmigo hasta el quinto miliario (2). Era un militar valiente como el diablo. Salimos alrededor del canto del gallo; la luna brillaba como [si fuera] mediodía. Llegamos (3) a las tumbas: mi hombre comienza a caminar hacia las estelas, yo me siento cantando y cuento las estelas. Cuando en seguida me vuelvo hacia mi compañero, se había desnudado y puesto toda su vestimenta a lo largo del camino. [Yo] tenía el corazón en la boca, estaba como muerto. Aquél orinó alrededor de su vestimenta, y de pronto se convirtió en un lobo.

»No crean que miento, no valoro tanto el patrimonio de nadie para mentir [así]. Sino que, lo que había comenzado a decir, después de que se convirtió en lobo, comenzó a aullar y huyó al bosque. Yo primero no sabía dónde estaba, después me acerqué para llevarme su vestimenta: se había vuelto de piedra. ¿Quién [podría] morir de miedo, sino yo? Sin embargo, desenvainé mi espada, y golpeé las sombras todo el camino hasta la finca de mi amiga. Como un fantasma entré, casi echo afuera el alma, el sudor me pasaba rápidamente por las piernas, mis ojos [estaban] muertos; jamás me repondría siquiera.

"A esos ñoños de Crepúsculo me los como crudos"


»Mi Melisa comenzó a admirarse de que me paseara tan tarde, y dijo: "Si hubieras llegado antes, nos habrías ayudado al menos; un lobo entró en la finca e hirió al ganado, como un carnicero les quitó la sangre. Y sin embargo, no se salió con la suya, sino que huyó; nuestro esclavo le atravesó el cuello con una lanza." 

»Cuando oí estas cosas, no pude cerrar los ojos por más tiempo, sino que, con la luz clara, huí a la casa de nuestro Cayo como un tabernero asaltado, y después de que llegué a aquel lugar en el que la vestimenta se había vuelto de piedra, nada encontré, excepto sangre. 

»Cuando llegué a casa, yacía mi soldado en su lecho, como un buey, y un médico le curaba el cuello. Comprendí que era uno que se transformaba, y no pude, después, probar el pan con él, no si me mataras [primero]. Vean otros qué pensarán de esto; tenga yo airados a vuestros genios si miento (4).


_________________________________ 

Nota: fui lo más literal que pude, los únicos cambios que hice consisten en el ajuste de los tiempos verbales y la castellanización de alguna que otra expresión latina coloquial que en nuestro idioma sonaría rara. El lenguaje del relato es bastante llano, y las repeticiones son del original.


(1) scita: tengo problemas con el significado de esta palabra, por lo que opté por dejarla afuera. 
(2) "Los miliarios eran las piedras que, sobre las calzadas romanas, marcaban las distancias en millas." (Rubio Fernández, 1995: 91)
(3) apoculamus: no encontré el significado, por lo que sigo las traducciones consultadas.
(4)  "...caiga sobre mí la ira de nuestros Genios Tutelares." (Rubio Fernández, 1995: 92)


Bibliografía
Petronio, El Satiricón. Introducción, traducción y notas de Lisardo Rubio Fernández. Barcelona: Planeta-DeAgostini. 1995.
Petronius Arbiter. Petronius. Michael Heseltine (ed.). London: William Heinemann. 1913. (Consultado en Perseus Project)


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